Cuatro períodos son los que dividen la historia arqueológica de América, según la mayoría de las fuentes.
El período Prehistórico abarca desde la población de nuestro continente hasta el surgimiento de las primeras culturas. La teoría del poblamiento temprano afirma que llegaron cruzando por el estrecho de Bering (que divide Siberia de Alaska) entre 40.000 y 20.000 años atrás.
Luego se produjeron dos revoluciones neolíticas, una en Mesoamérica y otra en Sudamérica, hacia los años 10.000 y 5.500 aC. respectivamente. Este momento es conocido como el período Arcaico, que llegaría hasta el año 1500 aC. Los grandes grupos linguísticos del continente aparecieron en él. La agricultura tomó gran impulso, convirtiendo la vida de los primeros americanos en sedentaria, llevando esto a su vez a la creación de sociedades más complejas y a la construcción de ciudades.
Durante este período, hacia el 1500 aC. surgieron Caral en Perú - la primer ciudad americana - y la cultura Olmeca, en México, la primer gran civilización del continente. Teotihuacán, en esos mismos años, era la ciudad más importante de América. También estaban en el valle de Oaxaca los zapotecos y su hermosa ciudad de Monte Albán, la segunda en antigüedad del continente después de Caral, hacia el año 500 aC.
En Sudamérica, surgiría la cultura Chavín cuyos centros ceremoniales son los primeros de su tipo en esta parte de América. También las primeras culturas colombianas anteriores a los Chibchas surgirían en este período. Mientras que en Norteamérica los fabulosos Anasazi hacían su aparición como el más importante de los pueblos del sur desértico de EE.UU. Con este panorama, se abriría paso el período Clásico.
Durante el período Clásico, todos los pueblos tenían una estructura socio-económica fuerte y una identidad religiosa afianzada y estable. En Mesoamérica, surgieron las ciudades-estado Mayas hacia el 300 dC., que 600 años después se mudaron a la península de Yucatán, abandonando la parte central del país mexicano, no sin antes saquear la ciudadela olmeca de San Lorenzo. Aparecerían los Mexicas o Aztecas, herederos del poder de los Toltecas y teotihuacanos y de la sabiduría Maya.
Por su parte, florecieron diferentes culturas en América del Sur, sobre todo en el actual territorio de Perú. Superponiéndose cronológicamente unas con otras encontramos a la cultura Nazca, Chimú, Mochica, Tiahuanaco y Wari. Todas ellas sirvieron de legado cultural y religioso a la última civilización americana, el Imperio Inca.
Hacia el período Postclásico las civilizaciones americanas estaban en la etapa en la que luego fueron descubiertas por los españoles, momento tras el cual la historia es tristemente conocida.
26 de octubre de 2007
Arqueología en América: brevísima reseña.
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24 de octubre de 2007
Los (a veces) cómicos apodos vikingos.
Además de la ferocidad, la maestría de navegar y el descubrimiento de América, hay otros aspectos característicos de los vikingos: sus sobrenombres. Muchas veces estos apodos se debían a alguna cualidad física o al carácter del aludido. De las sagas nórdicas de la Edad Media, que evocaban los hechos de los vikingos, podemos saber muchos de sus apodos, algunos sumamente cómicos.
El primer rey noruego, fue Harald Cabellera Hermosa. La leyenda cuenta que el monarca fue a pedir la mano de una noble, pero ésta lo rechazó, por no tener suficiente poder. Ante esto, él prometió no cortarse el pelo hasta que tuviera en sus manos a toda Noruega. Después de diez años, logró el objetivo y se casó con la mujer. Posiblemente, el mote haya sido pensado en tono irónico... no imagino a los vikingos siendo pulcros y lavando sus cabellos, por lo cual al cabo de diez años no queremos imaginarnos como luciría Harald.
Su hijo fue el temible Erik I de Noruega. Fue famoso por su reinado despótico, pero sobre todo por su carácter beligerante, que lo llevó a matar a varios de sus hermanos que lo querían deponer del trono. Hechos por los cuales se ganó el para nada envidiable Erik Hacha Sangrienta.
Sin embargo, Erik tuvo tiempo de tener hijos y Harald Eiriksson lo sucedió en el trono. Era llamado Harald el de Piel Gris por el auge del comercio de pieles durante su reinado. Saltando un poco en el tiempo, llegamos a Harald III Haardrade, cuyo apodo significaba el Despiadado. Su mote se lo ganó tras ascender al trono, período en el que aplicó la mano dura a todo aquél que osaba no obedecer las misivas del rey o que incumplía con la ley.
Entre los reyes daneses también era moda el uso de apodos. Harald Bluetooth, diente azul, no se sabe con certeza a qué se debe su sobrenombre, pero todo indica referirse a un diente en mal estado. La barba dividida en dos trenzas parece ser el causante de que a su hijo Svend I se lo conociera en Inglaterra como... Svend de la Barba Bifurcada.
La violencia tan característica de los vikingos parece haberse apaciguado al menos un poco en ésta época: nos llegan crónicas de Magnus el Bueno y Olaf el Tranquilo. A Magnus III, apodado el de las piernas desnudas, se lo conoce por haber adoptado la costumbre celta de no tapar sus piernas.
También a través de la historia podemos rastrear a Sigurd el Cruzado o el Peregrino de Jerusalén y a Haakon el de Espada Ancha (quizás el más obvio de los apodos). Pero si hay alguno que despierta pavor desde su nombre ese es, sin dudas, el gobernador de las Islas Orcadas, Thorfinn el Rompe Cráneos.
Fuente: Los Vikingos - Los últimos paganos (Jonathan Clements).
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23 de octubre de 2007
El error de condenar la historia al olvido.
Personalmente, opino que una forma de negar la historia es eliminar toda prueba de la existencia del mandato de algún enemigo del estado. Esto se ha repetido infinidad de veces, llegando a transformarse en ley entre los romanos.
La Damnatio Memoriae era el decreto por el cual el senado romano eliminaba absolutamente todo lo referido a un mal emperador: monumentos, imágenes acuñadas, etc. Dependiendo del grado de daño ético o material hecho al imperio, también se prohibía el uso del nombre del acusado. Entre los emperadores condenados al olvido están Nerón, Calígula y Diocleciano, entre muchos más.
Incluso en Egipto se realizó una práctica similar. Los egipcios consideraban que todas las personas tenían un Ren o nombre, el cual evolucionaba a medida que la persona obtenía nuevos logros. Un buen faraón gozaba de que su ren siguiera siendo pronunciado, aún después de muerto.
Pero el faraón Akenatón no corrió con igual suerte. Reformó la religión, pasando a ser monoteísta, por la cual se adoraba a un nuevo dios-sol (como era Ra anteriormente) llamado Atón, el disco solar. Esto le valió la oposición de la clase sacerdotal.
También, a raíz de la nueva religión, hubo cambios en lo artístico. Las figuras humanas eran representadas más reales, no desde el clásico perfil que caracteriza al arte egipcio. Todos estos cambios radicales llevaron a considerar a Akenatón una mala influencia y un verdadero enemigo del estado egipcio, por lo que, a su muerte, se ordenó eliminar su ren y sus monumentos más significativos.
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22 de octubre de 2007
Etimología de los mares.
Los mares y océanos siempre han tenido un papel importante a lo largo de la historia y, ya sea como ruta comercial o vía para conquistar otros territorios, han ejercido una gran fascinación en todos los pueblos. Sin embargo, los nombres que estas masas de agua salada recibieron son muy anteriores a los piratas, quizás los navegantes que más utilizaron y dominaron los mares.
El portugués Fernando de Magallanes encontró en total calma al mar que navegó hasta las Filipinas, por lo que lo bautizó Pacífico. Hoy en día, podemos ver el gran número de tifones y tsunamis que azotan a las costas de dicho océano, haciendo irónico su nombre.
En honor a Atlas, el titán de la mitología griega, el Atlántico, segundo océano de mayor tamaño, recibe su nombre. Sus mejores navegantes, además de los piratas, han sido los vikingos y Cristóbal Colón.
El Mar Caspio recibe su nombre de los árabes, que llamaban Bahr-e-Qazvin o Mar de Qazvin (ciudad de Irán) al gran lago salado. Al transcribir y traducir las diversas fuentes, el vocablo se fue deformando hasta llegar al occidental caspian o caspio.
Del latín Mar medi terraneum - mar en el medio de la tierra - nos llega la etimología del Mediterráneo, principal vía de comunicación de los romanos, griegos y fenicios; éstos últimos para muchos, los mejores navegantes de la historia.
Gracias a vocablos etruscos, los mares Tirreno y Adriático reciben sus nombres. El primero, en honor a los antiguos habitantes de Italia, también llamados tirrenos. El segundo se deriva de la colonia etrusca de Adria, importante centro mercantil de los antecesores de los romanos.
El Mar de Tetis fue el océano que resultó de la partición del súpercontinente Pangea en Gondwana y Laurasia. Su bautismo se debe a la diosa griega del mar, Thetis. El Mar Negro, el Caspio y el Aral, según investigaciones, serían vestigios de este antiguo océano.
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19 de octubre de 2007
Líneas virtuales alrededor de todo el mundo.
Varias corrientes de movimientos esotéricos y new age afirman que, alrededor del mundo, hay diferentes puntos de energía unidos a través de líneas rectas virtuales. Estas líneas, llamadas Ley, comunican entre sí antiguos sitios sagrados, fortalezas de la Edad de Hierro y círculos de piedra, monumentos megalíticos, iglesias, cementerios y centros ceremoniales.
En Gran Bretaña están las líneas más significativas. Los druidas celtas creían que la energía de la tierra se deslizaba como una serpiente y conectaba distintos puntos espirituales, no sólo en la región donde vivían, sino a lo largo de todo su mundo conocido. Al identificar uno de los puntos, los druidas los marcaban con menhires o dólmenes, pasando a ser sitios de importancia o centros ceremoniales.
A Alfred Watkins - arqueólogo aficionado - habiendo viajado a través de toda Gran Bretaña, le llamaron la atención las alineaciones que conformaban diferentes centros antiguos paganos. El nombre Ley se debe a que, en general, los lugares donde estas líneas se encontraban, tenían nombres terminados con leigh o ley.
Aunque fue rechazado por otros arqueólogos, la teoría de Watkins pronto ganó popularidad entre grupos ocultistas y místicos. Los más fanáticos afirman encontrar también en otros continentes: en Estados Unidos, habría leys que conectan diferentes montículos indígenas, y las líneas de Nazca serían otro ejemplo, con sus rectas que llevan a las montañas.
Obviamente, también están los amantes de lo paranormal, quienes afirman que en estos puntos históricos y místicos se puede establecer contacto con el más allá y con alienígenas...
Fuente: Atlas de Lugares Legendarios - 1991.
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17 de octubre de 2007
Ayers Rock y el Tiempo del Sueño.
Ayers Rock es un gigantesco monolito de piedra sedimentaria en medio de la llanura australiana del desierto de Gibson. De color rojo, se alza a 335 mts. sobre la superficie y tiene un perímetro de casi 9 km.
Fue descubierta en 1873 y bautizada con ese nombre en honor al primer ministro australiano, Henry Ayers. Es el vestigio más imponente del Tiempo del Sueño, que según la cosmovisión de los aborígenes autóctonos, fue el período de formación de la tierra. En Uluru - el nombre aborígen de la roca - cada grieta, muesca y saliente en la roca tiene un significado relacionado a este mitológico tiempo.
En el tiempo del sueño tuvieron lugar hechos y hazañas de los hombres canguro, o pitjanjatjara, habitantes del norte y de los hombres serpiente, o yankuntjatjara, que habitaban el sur. En las proximidades de Uluru se libraron dos grandes batallas que aún hoy en día persisten en la memoria de los aborígenes en formas de canciones y ceremonias.
El mito dice que los hombres serpiente del sur invadieron el norte con la intención de exterminar a los hombres canguro. Pero la madre tierra provocó la muerte de los invasores y sus cuerpos apilados formaron Uluru. También los hombres canguro enfrentaron a un demonio dingo (perros salvajes del desierto australiano) pero finalmente resultaron vencedores.
Hoy en día hay una gran afluencia turística en Ayers Rock, aunque existen lugares prohibidos para los no nativos del lugar. De esta manera, sigue siendo Uluru para los aborígenes, a quienes se considera los auténticos custodios de este paisaje tan simbólico.
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16 de octubre de 2007
Europa hacia el año 1000.
Personalmente, considero que Europa nunca fue testigo de la confluencia de mundos tan diferenciados en lo religioso, político y cultural como hacia el año 1000 de nuestra era.
En la península ibérica la presencia musulmana se remontaba hacia el 929, año en el que fue proclamado el Califato Omeya de Córdoba. Conocido con el nombre de Al-Andalus, el Califato brilló como centro cultural y referente del conocimiento científico más avanzado de la época. Su mayor legado es el sistema de numeración arábigo, que era a su vez oriundo de la India. Este sistema numérico reemplazó a su par romano.
Hacia el este, limitando con Asia y con capital en la fabulosa Constantinopla, se encontraba - aún subsistiendo - el heredero del Imperio Romano, el Imperio Bizantino, que se extendía desde los Balcanes hasta Asia Menor (actual Turquía). Bizancio se enfrentaba constantemente con el Reino de Bulgaria, aliado a su vez con los musulmanes de Serbia y Croacia.
El tercer gran ámbito cultural era el de la Europa Cristiana, sumamente dividida. La entidad política más grande era el Sacro Imperio Romano Germánico, sucesor del Imperio Carolingio. Su territorio comprendió los actuales territorios de Alemania y parte de Italia y Bohemia.
El resto de la cristiandad europea estaba constituída por los incipientes reinos feudales, entre los que sobresalían Francia e Inglaterra. También entre estos se encontraba el de Borgoña, al sudeste francés, y los reinados de León, Navarra y Castilla, en constantes enfrentamientos con los musulmanes del mencionado Califato Omeya de Córdoba.
Finalmente, hacia el frío norte europeo, emergían los reinos escandinavos de Dinamarca, Suecia y Noruega, herededos de los otrora temibles vikingos.
Fuente: revista Historia National Geographic - número 3.
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