Sin duda alguna el cuadro más famoso de la Ultima Cena es el del pintor renacentista Leonardo Da Vinci. Pero en Perú hay dos versiones sumamente interesantes, que representan el más puro de los sincretismos. Ambas pinturas han sido realizadas con elementos de la civilización Inca, para que éstos pudieran entender mejor ese momento determinado de la vida de Jesucristo. En ambas piezas, la forma de mostrar al apóstol Judas es totalmente singular...
En uno de los claustros del convento dominico de San Francisco, en el centro histórico de Lima, podemos encontrar el cuadro La Ultima Cena del Señor, realizado por el hermano jesuita Diego de la Puente. Para empezar, podemos decir que los incas entendían el mundo como un ciclo circular, de ahí que la mesa de la escena también tenga esa forma.
La cena es un verdadero banquete atendido por niños indios, como las costumbres de los festines incas. Sobre la mesa, podemos observar copones o vasos de barro (no de vidrio) y también gran cantidad de frutas, que eran parte de la dieta diaria de los aborígenes.
Pero sin lugar a dudas, los que más llama la atención es la figura de Judas, segundo a la derecha de Jesús. Como los nativos no entendían cómo un hombre era capaz de traicionar a su dios, el autor acude a la figura de un demonio susurrando, ubicado detrás de Judas, como el factor causante de dicha traición.
Elementos muy parecidos podemos observar en el lienzo La Ultima Cena, Catedral de San Blas, Cusco. Esta pintura fue realizada por Marcos Zapata o Zapaca Inca, el último representante de la Escuela Cusqueña de arte y pintura. A diferencia de Leonardo nuevamente se utiliza la disposición circular de los apóstoles en torno a Jesús.
También en esta pieza los comestibles son propios de la dieta de los nativos: panes de trigo, frutas y hasta un cuy asado, plato preferido por los viejos soberanos. Todos los apóstoles miran a Jesucristo, menos el que representa a Judas, que mira intimidante al espectador.
Este tiene una bolsa en su mano derecha - pero a simple vista - como para hacer evidente el hecho de haber sido sobornado y convertirse en traidor. Ahora lo más significativo de la figura de Judas es que, según se dice, tiene pintado el rostro de Francisco Pizarro, el conquistador del Imperio Inca, para hacer más tangible aún la representación del mal encarnado en ese apóstol.
Tuve la suerte de poder estar frente a esas dos enormes y maravillosas pinturas. No se pueden tomar fotografías pero por suerte hay postales a la venta. Aunque lamentablemente no se ven muy bien en las imágenes que ilustran este artículo.
3 de abril de 2008
La Ultima Cena, pero para incas.
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2 comentarios:
De las dos pinturas yo solamente he podido apreciar la que está en el convento de San Francisco, y si, es realmente impresionante, da ganas de contemplarla por un largo tiempo.
Qué bien hayas sacado un post como este!.
Saludos
Hola, yo también vi el de San Francisco en Lima ... es inmensa y muy curiosa y recargada su iconografía.
Saludos
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