29 de julio de 2007

Visiones y sueños de un emperador romano cristiano.
Siempre que pensamos en Cristianismo e Imperio Romano, pensamos en dos instituciones antagónicas, enfrentadas entre sí. Las persecuciones de los romanos a los cristianos cuando éstos se dieron a conocer son harto conocidas. Sin embargo, el Cristianismo tomó fuerzas gracias a un emperador, o mejor dicho, a sus sueños y visiones.

Cuando Constantino sucedió a su padre como emperador menor, en el año 306, al principio se mantuvo al margen de las luchas intestinas que envolvían al imperio hasta que Majencio lo enfrentó abiertamente. Constantino lo derrotó en varias ocasiones, siendo la definitiva la batalla del Puente Milvio, el 23 de octubre del 312. De esta manera se convirtió en la cabeza del Imperio Romano de Occidente. Años más tarde Licinio, el emperador de Oriente, lo enfrentaría.

Se dice que antes de la batalla del Puente Milvio, Constantino tuvo una visión, dividida en dos partes: en la primera, vio la forma de una cruz frente al sol mientras marchaba; tras esto, en un sueño, alguien le ordenaba colocar un nuevo símbolo en su estandarte: el lábaro. El mismo era una composición de la cruz y el monograma de Cristo.

Tras el triunfo, Constantino permitió el libre uso del culto a Cristo, la construcción de iglesias y les otorgó mayor participación civil a sus practicantes. En sus últimos años, predicó sus propios sermones, pregonando contra las viejas creencias paganas.

El Cristianismo se convertiría en la religión oficial del imperio por Teodosio en el año 380, tras el Edicto de Tesalónica, dando así el paso inicial para ser una de las religiones con mayor número de seguidores del mundo entero.





El lábaro, símbolo que utilizó Constantino tras soñar que debería colocarlo como estandarte para vencer.